Fábrica
de armas de Orbaizeta: Poseía
iglesia y palacio en el espacio central y
diferentes tipos de viviendas en función
de categoría sociales (encargados,
obreros, penados, etc). Su inspiración
ilustrada (S XVIII) se traducía
en preocupación por la comodidad de
los trabajadores, lo que revertía en
el bien de la producción. Con más
de 50 obreros, operarios y técnicos
cualificados, el gasto de explotación
y mantenimiento fue enorme, si bien llegó
a fabricar 3.600 bombas anuales.
La Fábrica de armas de Orbaitzeta surgió
cuando la existente en Eugi agotó los
bosques de su alrededor. Se buscó entonces
otro lugar en el que se pudiera asegurar una
producción continua que atendiera la
demanda del cuerpo de artillería del
ejército real.
La cercanía de yacimientos de hierro
tradicionalmente explotados, la abundancia
de agua en los arroyos cercanos
y la madera (se cedió
el monte Aezkoa por un pacto que después
fue incumplido por la Corona) animaron a Carlos
III a instalar la Fábrica donde hoy
la conocemos.
Anteriormente se cita la existencia de una
herrería (sXIV) en
Txangoa, al norte de donde hoy se encuentran
las ruinas de la Fábrica, en un término
que hace referencia a dicha actividad ferrera:
Olazar.
Después de un funcionamiento irregular
que en los mejores años llego a fabricar
3600 bombas y tener más
de 50 obreros, cierra definitivamente
en 1873.
Los beneficios de la creación de la
Fábrica para el valle nunca estuvieron
muy claros. Por el contrario, casi todas las
guerras importantes del s.
XIX afectaron en gran medida a la Fábrica
y a todos los pueblos del Valle: la guerra
de la Convención, las guerras carlistas,
etc.
Desde su cierre definitivo en 1873 el complejo
fabril se ha ido poco a poco deteriorando.
A pesar de todo, todavía se aprecian
algunas dependencias: los hornos, canalización
del río Legartza, Iglesia, Palacio,
etc. En la actualidad existe un proyecto
de restauración que pretende
devolver a la Fábrica un aspecto acorde
con su importancia. |