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Domingo, Diciembre 21, 2014

PIRINEO NAVARRO

 

Desde las suaves laderas de los Bosques de Quinto Real hasta los picos más altos y escarpados situados al este de la Comunidad, se enclava el Pirineo navarro. Partiendo del oeste nos encontramos los valles de Erro, Arce y Aezkoa que circundan las poblaciones de Auritz-Burguete, Orreaga- Roncesvalles y Luzaide-Valcarlos, siguiendo hacia el este los valles de Salazar y Roncal.

Visitarlos y recorrer sus rincones es hacer un viaje por las sensaciones. El silencio de una noche suave y estrellada de verano tumbados sobre las campas de Sorogain, roto únicamente con el rumor de las hojas movidas por el viento o por el canto despistado de algún grillo enamorado. El frescor de la mañana al descubrir la Selva del Irati acompañado del murmullo de las aguas saltarinas de las regatas. Los días cortos de otoño admirando la variedad de colores y formas de árboles y arbustos que van cambiando conforme los rayos del sol los iluminan. Hayedos imponentes, robledales milenarios, pinares y abetales todos ellos teñidos por rojos, ocres, amarillos o una gama de verdes o marrones infinita; el olor a tierra mojada después de una tormenta otoñal.

Los cantos de los pájaros te dirigirán los pasos hasta cumbres más despejadas desde donde podrás observar el paso de las aves migratorias sobre el Lindux formando figuras perfectas, golondrinas, grullas, palomas,......Podrás perderte entre las caricias del viento fresco sobre tu cara anunciando las primeras nevadas del invierno que inundarán con su blancura las más altas cumbres de Abodi , Belagua o Larra. Entre rocas y nieve el pino negro; árbol humilde y a la vez resistente y poderoso en su lucha por sobrevivir mientras llegan las lluvias de la primavera. La subida de las temperaturas provocará la espectacular explosión de la naturaleza abriendo los brotes y vistiendo de nuevo los montes de ese verde traslúcido tan intenso de las hojas recién estrenadas. Manto fino que filtra la luz del sol hasta llegar al suelo y cubrirlo de miles de flores: el aroma penetrante de las humildes violetas, la abundancia de las pequeñas margaritas, el amarillo vivo de narcisos o flores de mayo.

Entre toda esta grandiosidad natural, encontrarás los restos de una historia viva: cuevas prehistóricas, dólmenes y cromlechs surcando las cumbres suaves de Adi, Ibañeta o Azpegi; restos del paso de los romanos en la ciudad de Iturissa o posibilidad de ver los miliarios del siglo III que marcaban la calzada; imagina el rugir de los vascones en la batalla de Orreaga o el silencio de los miles de peregrinos de todas las épocas que han buscado la Ruta Jacobea; piérdete entre los gruesos muros cargados de historia de Roncesvalles o en la soledad del románico de Sta Mª de Arce; descubre la forma de vida de nuestros antepasados: hórreos, carboneras o caleras que guardan los secretos de la difícil supervivencia; reflexiona sobre la llegada de la modernidad reflejada en los restos de la Antigua Fábrica de Municiones de Orbaiceta.

Si buscas tranquilidad y descanso, unos días por nuestra zona te acercarán al paisaje, a los pueblos y gentes; al deporte, la historia o al arte; a nuestras fiestas, tradiciones y gastronomía.